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Sobre el presupuesto y otros demonios.

Tanto que hemos leído y escuchado y afirmado en conversaciones lo importante de planificarse económicamente, ahorrar y no gastar a lo loco. Creo que junto con la dieta es el segundo plan que con más frecuencia se comienza el próximo lunes. Si bien, la dieta pretende adelgazarnos (o engordar para aquellos beneficiados de la vida que se mantienen delgados no importa lo que coman), mantenernos en salud, pues el presupuesto hace lo mismo con nuestro bolsillo.

Si, es cierto que bien podemos vivir pagando las cosas con el día a día de acuerdo a nuestra quincena, o el próximo cheque. Pero, ¿qué pasa cuándo la quincena no alcanza para los pagos pendientes? O ¿cuándo el cheque del último trabajo tarda mucho en llegar?, e incluso con ese resort que hace como dos años queremos darnos y no hay forma de llegar a la cifra.

 

Dicen que al dedo malo todo se le pega, y ese mes que tuvimos que ir a una boda que ya estaba en el plan, luego sucede que hay que comer fuera con frecuencia, y casi cuando llegamos al 30 (esos 3-5 días que se hacen eternos  si se acaba el dinero antes de tiempo) nos llegan esos males que solo se curan con los medicamentos más costosos, nos roban o se dañan aquellas cosas que necesitamos todos los días, nos damos cuenta que hace seis meses debimos haber pagado algo que ya no aguanta un plazo más.

 

No. El presupuesto no va a evitar que esas cosas pasen. Lo que si va a hacer es que nos va a hacer más conscientes de nuestro estatus, permitiendo que el cerebro desarrolle esa capacidad de preveer. Es decir, si sabemos que este mes toca pagar el seguro, y que tenemos también un evento al que no podemos faltar, seremos conscientes de que no podremos comprar todos los antojos del mundo en el supermercado.

Lo que si va a permitir el presupuesto es que nos apeguemos a un plan que nos permita respirar y nos de paz interior. A que podamos hacer planes a corto, mediano y largo plazo.

Estructura básica de un presupuesto.

La estructura básica de nuestro presupuesto personal debe contemplar como básicas al menos cuatro partidas: Ingresos netos, Ingresos reales, Egresos, Ahorros, Inversiones.

Los Ingresos son el total de ingresos que tenemos contemplado percibir en el mes. Pueden dividirse en netos y reales siendo los primeros la cifra a percibir, salario o monto libre de impuestos, mientras que los ingresos reales es aquella cifra resultante de restar a los ingresos netos los descuentos de impuestos, seguros.  Como un apartado adicional puede agregarse otros ingresos para referirnos a pagos o trabajos adicionales.

En egresos se debe colocar distribuido por categoría los gastos de alquiler o hipoteca, alimentación, mantenimiento, servicios, transporte/combustible, higiene, salud, salidas/entretenimiento, suscripciones, y otras categorías que apliquen. Además de un apartado de ahorros que debe equivaler al menos a un 10% de los ingresos netos y fondos destinados a inversión.

Los ahorros deben computarse como un pago más, disciplinándonos de esta forma a mantener el hábito y no pensarlo como una opción. Ya luego de que se tenga una cantidad considerable en la cuenta de ahorros, es aconsejable destinar una parte para un fondo de emergencia y en caso de que sea posible, sopesar opciones de inversión.

Ajá.. y ¿dónde se debe llevar el presupuesto?

Opciones hay muchas. Desde llevarlo como en la vieja escuela con una ficha impresa e ir rellenando los campos (lo cual es algo poco práctico sobretodo para las fórmulas) hasta llevarlo contigo todo el tiempo en un app.

 

Desde mi experiencia yo aún intento adoptar un método único, pero mientras he formado un híbrido ya que mantengo un archivo físico de las facturas y recibos por mes, llevo una ficha de Excel del Presupuesto mensual y de vez en cuando intento mantener el registro de los gastos diarios a través de las apps. Sobre estas últimas tengo para decirles que estoy preparando un artículo sobre “Las 5 mejores apps para llevar los gastos”, pero la mayor dificultad realmente se encuentra en mantener la disciplina por más de dos semanas de registrar de forma religiosa los gastos de cada día.

 

Ya me ha pasado un par de veces que todo inicia viento en popa, haciendo la distribución de mis gastos, registrando los consumos del día, pero de vez en cuando me quedaba un margen de efectivo o de gastos que no registraba y que luego fueron los que me alejaron de la disciplina. Ahora bien, durante el tiempo que estuve trabajando en ello noté pequeñas cosas como snacks, o la cantidad de veces que comía fuera de casa, que provocaba también un déficit en mi planificación del mes, por lo que fui tomando acciones no para dejar de hacerlo en totalidad, pero si para disminuir la frecuencia de esos consumos y ajustarlo de acuerdo a lo pautado.

 

Y es precisamente ahí donde se hace necesario hacer un esfuerzo mayor ya que podemos informarnos, tomar consejos, bajar numerosas aplicaciones y plantillas, sin embargo, lo más difícil y lo que realmente da resultados es crear un hábito. Desde registrar nuestras cuentas, realizar pagos, hasta pagarnos a nosotros mismos con los ahorros, todo es parte de aprender a manejarnos mejor, por lo que además de este artículo, seguiremos trabajando en muchos otros para que podamos encontrar la estrategia que se adapte mejor a nuestro ritmo de vida.

Albacelis Acosta Administrator
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